Prologo. La decisión de dios, el corazón de Miguel y la fidelidad de Gabriel.
Hubo una época, en la que dios se canso del mundo, aquella vez surgió un diluvio y solo Noe consiguió salvar a los animales. Esta vez, no fue tan sencillo.
26 de junio de 2654.
En el palacio real de los cielos, los arcángeles y Dios se reunieron en la sala de juicios, como la última vez, para dictar que hacer con la humanidad, que estaba destruyendo su creación.
-La humanidad ha fracasado-Decretó Dios con una potente voz señorial
-Todavía hay esperanza-Se alzó el Arcángel Miguel- Hay personas que aun luchan por los demas.
-Esas personas son pocas, y no podrán acabar con todos los que hacen sufrir al resto. Ya he tenido suficiente paciencia, he observado como se mataban unos a otros, como destruían otras especies sin compasión, solo por placer, sin tener hambre. He observado su avaricia, su egocentrismo, están contaminando mi joven creación-Contesto su señoría.
El Arcángel Miguel bajó la cabeza, con un suspiro, el aun amaba a los humanos, Dios lo sabía.
-Hay una criatura en el vientre de una humana-Señalo Gabriel, el hermano de Miguel. Todos le miraron.-Es fruto de tres especies, si la profecía de los sacerdotes se hace real, al igual que la anterior, ese niño salvara todo del apocalipsis, al igual que hizo Noe tiempo atrás. Si ese niño, demonio, ángel, lo que sea, nace, todos nuestros esfuerzos por terminar con ellos con el apocalipsis serán en vano-En un ultimo gesto miro a su hermano-Propongo enviar a alguien a acabar con su vida antes de que salga del vientre de su progenitora.
Dios sonrió ante la astucia de su fuerte guerrero, y como él, miro a Miguel. Miguel siempre había sido el arcángel que no obedecía ordenes, Noe construyó el arca con su ayuda, siempre le había dado a Dios esa ultima chispa de fe que había hecho continuar la humanidad durante generaciones. Era hora de poner a prueba su lealtad.
-Bien-Prosiguió Dios las palabras de Gabriel.-Miguel, te ordeno que acabes con esa criatura-Un montón de murmullos se oyeron en la sala- ¡Silencio!-Gritó dios con gran potencia.
-Pero señor...-Dijo Miguel y los ojos de su creador se clavaron en los suyos, él se quedo sin palabras.
-¿Algo que objetar, Miguel?
Agachó la cabeza, impotente ante las órdenes de su señor. Tenía que ser fiel o todo se habría terminado para él.
-Bien, esta decidido. Cuando Miguel acabe con el niño, el apocalipsis comenzara.
En poco tiempo, la sala se vació y nuestro joven arcángel se dirigió a los límites del cielo, observando la bella tierra que se cernía a lo lejos, bajo sus pies.
-Dios ha perdido su fe en la humanidad pero yo no. Cuando nos creó nos dijo que nosotros solo teníamos que amarles, que guiarles en su camino.
-Tienes que cumplir sus ordenes-Se oyó la voz de Gabriel a su espalda- Sabes que los humanos ya no creen en nosotros, sabes que ya no creen en dios. La única solución es acabar con ellos y empezar de nuevo.
Miguel se giró, mirando desafiante a su hermano, pensando una idea y sonrió.
-Tal vez tengas razón. Tal vez ese niño pueda salvarles a todos.-Gabriel le miró sin comprender.-No, Gabriel, no, no es la única opción. El niño debe nacer.
-El niño debe morir, esa es la orden que te han dicho, es la misión que te han encomendado.
-No, Gabriel, sabes que no. Dios me esta poniendo a prueba, para que una vez mas, le demuestre que aun se puede confiar en la humanidad y ese niño cumplirá mi deseo de salvarlos.
-Miguel, no lo hagas, ni siquiera ese niño es parte de la humanidad.
-Lo siento Gabriel, es lo que debo hacer. Tú le darás a Dios lo que pide, iras a matarlo, lo sé, te encomendara a ti esa misión. Yo, en cambio, le daré a Dios lo que necesita. Somos hermanos, si, porque somos arcángeles, pero somos diferentes, Gabriel. Tu eres el leal, el fiel que siempre obedece las ordenes de su señor. Yo soy el corazón, represento la esperanza, pienso con sabiduría y cumplo lo que me dicta mi amor hacia ellos.
En un limpio gesto, Miguel batió sus alas, alzándose sobre las nubes del cielo y bajando en picado hacia la tierra. Gabriel, resignado, se giró enfurecido y fue hacia el trono de Dios.
La guerra acababa de comenzar.